Dirección de Sandra Félix y actuaciones de Pilar Villanueva y Judith Cruzado. Escenografía e iluminación de Philippe Amand.
No saben que en un rincón se está acumulando tu desdicha.
Eminente en la narrativa mexicana —también prolífica y eficaz en la dramaturgia— del siglo pasado, la vida literaria de Elena Garro (1920–1998) ha estado sometida a un escrutinio a la luz de su vida personal y política, incluso hay quien quiere ver su obra como resultado de la tremenda relación que tuvo con Octavio Paz (1914–1998), su esposo hasta 1959, contra quien decía vivir y por quien se sentía perseguida.

De ella, la directora Sandra Félix atinó a elegir para llevar a escena Los perros con las actrices Pilar Villanueva y Judith Cruzado, haciendo respectivamente a Manuela y Úrsula, madre e hija, dos mujeres arrinconadas por el terror de un pasado/futuro tejido a manos de la brutalidad masculina, los hombres en connivencia obligada por el capricho de uno, que es el de todos. Esa noche de fiesta en el pueblo Manuela hace tortillas para venderlas entre el gentío, anhela que su niña de 12 años agarre el globo que le cambie la vida a la que parece estar destinada por haber nacido mujer.

Ya con varias temporadas, Los perros tuvo un especial efecto en el público que la presenció en el foro de la Biblioteca de México José Vasconcelos, que es pequeño; ahí el espectador tuvo la oportunidad de asistir como testigo impotente e invisible… las lágrimas, entonces, eran comunes. En cambio, en el Teatro Sergio Magaña la separación con el escenario impide esa inmersión, pero acaso el peso se ubica en un distanciamiento reflexivo. Allá, la desgracia lo alcanzaba a uno como en un sueño; aquí tenemos la conciencia del escenario, de la representación de una realidad.

Por supuesto, ninguna consecuencia sería imaginable en el público sin las actrices, especialmente Villanueva. Ante lo que se ve y estremece, uno se pregunta de qué está hecha si de principio a fin mantiene el brío, el nervio, y aun es capaz de subir más su actuación tanto y tan prolongadamente. Su Manuela es un nudo complejo de la vitalidad al fiambre, trayecto que arriba en una desolación que no obstante aún deja algo en la entraña, y justo así el título de la obra aparece claro y poderoso en una voz exangüe.

Inteligencia y tino de la dirección, y de Philippe Amand para crear la vivienda precisa con un mínimo de recursos. Esta puesta de Los perros es la cúspide del mejor teatro que puede verse hoy en México —y a Villanueva sólo la supera, por el número de personajes que encarnó (3), su actuación en la obra de Luisa Josefina Hernández Figuraciones, del llanto a la risa, de la joven a la vieja, de la miserable a la dignataria; dirigida por Fernando Martínez Monroy.
(Los perros tuvo funciones en el Teatro Sergio Magaña los días 14, 15, 21 y 22 de marzo de 2009.)
[Publicado originalmente en marzo de 2009.
Fotografías por cortesía de Loana Juárez.]
Fotografías por cortesía de Loana Juárez.]

