martes, 10 de enero de 2012

Recortes (2)

Donde nosotras tenemos senos, ellos… nada.

» Cuentos eróticos africanos (basado en el Decamerón negro de Leo Frobenius; versión dramática de la compañía Teatro Esquina Latina). Dirección de Jesús Jiménez y Marisol Castillo, con actuaciones de Muriel Ricard, Amada Domínguez, Marina Vera y Marisol Castillo. Vestuario de Mireya Alcántara. Los relatos africanos tribales se cuentan actuando. En los tres elegidos de la recopilación de Frobenius (1873–1938) para esta puesta, la mujer es el motivo: sujeto que disfruta la potencia masculina y objeto disfrutado por el hombre hábil. Cuatro actrices nos ofrecen, en el primero, “Leyenda de las amazonas”, el origen de la sexualidad y de la combinación preferida (“en lo sucesivo, dormiremos encima de ellas”). En forma de picaresca dandy, “Un hombre cuyo oficio es el amor” muestra la necesidad de caballeros excepcionales —por una cualidad física y ciertas destrezas— para que el orden social se mantenga (“¿Se te puede confiar una hermosa joya?” / “Pruébalo y nunca saldrás del pacer”). Y “En las hijas del juez”, dos hermanas revelan cuánto ingenio hace falta para generar el deseo ajeno y el placer propio (“¿Quieres jugar con nosotras?”). Propuesta escénica desde el arte del cuentacuentos. (Temporada de estreno a finales de 2008, Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico.)

» 12 hombres en pugna, de Reginald Rose. Dirección de José Solé, actuaciones de Aarón Hernán, Ignacio López Tarso, José Elías Moreno, Miguel Pizarro, Roberto Blandón, Salvador Pineda, Rodrigo Murray, entre otros. “Cambio mi voto. ¡Ya estoy harto!”, grita uno de los 12 jurados que tienen en sus manos la vida de un joven acusado de asesinar a su padre, progenitor violento, golpeador. Todo lo esgrimido en contra del muchacho durante el juicio es repensado a propuesta del único que no cree en su culpabilidad (López Tarso). Ocho de esos jurados son incompetentes, tibios, frívolos; no les importa que el inculpado muera. Pero tres quieren condenarlo, uno especialmente (Salvador Pineda): “Estos sujetos nacieron para mentir. […] Son diferentes a nosotros, negros, hispanos […] Acabemos con él, antes que los de su raza terminen con nosotros.” De final previsible y actuaciones sumamente disparejas (entre lo tibio y lo preciso), debe destacarse la mano del director para dar ritmo al espectáculo y explotar la tensión de la obra (llega el momento en que el público, junto con el presidente del jurado, recuenta los votos). Ubicada en Nueva York en 1957, la obra plantea el permanente conflicto del melting pot estadounidense: mezcla–exclusión; libertad de expresión–dominio de clase/raza. (Temporada durante la segunda mitad de 2008 en el Teatro Helénico.)

[Publicado originalmente en diciembre de 2008.
Fotos: cortesía Centro Cultural Helénico.]



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