Will y Sue, de Luis Rivera López (con textos de Shakespeare)Dirección, actuación y títeres a cargo de Haydeé Boetto y Luis Rivera López. Música (arreglos e interpretación en vivo de Sueño de una noche de verano de F. Mendelssohn) de Sergio Bátiz (bandoneón) y Jacobo Lieberman (violoncheo). Escenografía, títeres y utilería de Araceli Pszemiarower y Paula Franzi.
¿Qué puede haber dentro de un hombre? Sólo una palabra: amor. Y como el amor es ciego, está mucho más feliz en la oscuridad.
Will y Sue recrea la intimidad de William Shakespeare (1564–1616) tras su retiro luego de escribir La tempestad —donde al final el príncipe Próspero (semihumano, semidivino) rompe su varita y declara: “Nuestras diversiones han dado fin. Estos actores, como había prevenido, eran todos espíritus y se han disipado en el aire.”
Vemos a Will dado al vino. Dejó mujer e hijos; uno de ellos, Hamnett, muerto muy joven; la otra, Sue, a punto de casarse, escribe una carta a su padre para que atestigüe la boda, y esto desata el delirio del dramaturgo, regresan a él sus hijos y los personajes por él creados, con sus vicios y virtudes, bajezas y sabidurías (“Muchas veces lo más sombrío ilumina como una diáfana mañana”).
El escenario vive con monos de tela, papel, hilos y otros materiales, incluidos la carne y el hueso. Así vuelve Hamnett en una marionetita (tan parecida al Principito): “Tú, yo, todos moriremos igual que Alejandro Magno, que cualquier hijo de vecino.” Will recuerda también cómo soñaba que su Romeo y Julieta alcanzaría fama “hasta el fin de los días”, frente al escepticismo de todos; y se reencuentra con el salvaje Calibán (“Todo este lugar me pertenece, incluso Will”) y el parlanchín y vividor Falstaff (“¡Hipócrita! ¡Ladrón! Mi querido Falstaff.”), y el mismo Próspero, tan grande como para cobijar a su autor.
Aderezado con las palabras shakespearianas, “gastadas, pero que rivalizan con la fuerza del huracán”, Will y Sue —descrita por sus intérpretes como “suite shakespeariana para actores, objetos y ensamble musical”— es un cuento sobre la batalla personal para no dejar lo mejor de sí mismo, a pesar de uno mismo; el amor, la piedad, la comprensión, el recuerdo.En esta puesta los personajes de carne y hueso y los otros, conviven con los músicos en escena; entran y salen de la fantasía. Y los actores, van y vienen del hecho escénico. Al final, Boetto y Rivera no pueden sino sorprenderse genuinamente por la magia de sus manos. Y qué maravilla la ductilidad de la voz de Haydée.
(Will y Sue tuvo funciones en el Teatro Orientación del Centro Cultural del Bosque a finales de 2008 y principios de 2009.)
[Publicado originalmente en diciembre de 2008.
Imágenes proporcionadas por el INBA.]
Imágenes proporcionadas por el INBA.]
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