Quien se escondió bien, vivió bien.
Ovidio
Ovidio
» Dos joyas acabaron temporada el mismo día, 29 de mayo. Merecen mención para que quienes no hayan tenido ocasión de verlas estén pendientes de los reestrenos, que ojalá haya —debería—. Roma al final de la vía, con actuaciones de Norma Angélica y Julieta Ortiz y dirección de Alberto Lomnitz (presentada en el Teatro Casa de la Paz de la UAM): dos amigas, una fantasía, un lugar, toda la vida. Los niños perdidos, actuación y dirección de Esteban Castellanos (presentada en el Teatro El Milagro): entre el humor y la conmoción, una muestra de la niñez de la calle. Producciones escuetas y actuaciones para llenarlo todo, el escenario y las emociones del espectador. Desempeños que constatan el arte histriónico más allá de formalismos y detalles; cuando aparece lo que unos llaman milagro, y otros, verdad. Imposible no salir agradecido al presenciar trabajos como estos, cuando el aplauso prolongado siempre parecerá muy poco.
» El funcionario bueno, cuyo autor Alberto Lomnitz es asimismo el director, funciona de principio a fin. Un burócrata idealista (el magnífico actor Silverio Palacios) enfrentado a un artista ególatra (Rodolfo Guerrero) y en medio una bella alevosa (Gabriela Péreznegrete); complementan un jefe acomodaticio (Rafael Pimentel) ¡y hasta una secretaria incodicional! (Pilar Boliver, estupenda con las notas de color); la historia
trata de poder político y sexual; el enredo desnuda las moralidades, hace reír y ‘reflexionar’. El público lo agradece: “Qué bueno estuvo. La verdad.” Funciona el género, Lomnitz lo conoce a fondo y desmuestra dominio por los detalles. (Se presntó en la Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultual del Bosque, a mediados de 2011.)» Al ponderar la puesta en escena de El amante, obra del Premio Nobel 2005 Harold Pinter, dirigida por Iona Weissberg, con las actuaciones de Marina de Tavira y Antonio Rojas, el reseñista Luis Santillán (Boletín mensual de teatro Paso de gato 66, mayo de 2011) habla de actuación orgánica
(para el desempeño de De Tavira) y “juego actoral interesante” (el de Rojas); una escenografía armónica, una iluminación con “acentos […] memorables” y una dirección eficaz (“en términos generales […] es un trabajo limpio, ágil”); sin embargo, dice notar “un proyecto por encargo” que “cumplió eficazmente” pero “sin un planteamiento que corra a la par de la propesta de Pinter”. Santillán tiene razón, añado que la puesta carece de sensibilidad. Al espectador se le entrega un producto bien manufacturado, no una obra de teatro; entretiene en la medida en que uno entiende la historia, mira el profesionalismo de los actores y los aciertos técnicos del montaje. El error está en la concepción de la directora: quiso hacer grotesca una situación conflictiva pero frívola. Donde la historia plantea melodrama Wiessberg ve caricatura y así neutraliza todo efecto. Uno sale de la función sin sentirse tocado, un grado menos que aburrido. (Presentada en ek Teatro Santa Catarina de la UNAM el primer semestre de 2011.)» Rock’n’roll, de Tom Stoppard. Alonso Ruizpalacios, el director, enfatiza (magnifica) las afectaciones de un status quo geopolítico (el socialismo y la Guerra Fría) sobre los personajes, quienes en general la van librando haciéndose omisos con distintos ardides. En esta historia ninguna vida queda de veras destrozada; los personajes teminan igual que como empezaron, con sus mismas inclinaciones. La historia real de esos países y regímenes, y las posiciones políticas individuales y colectivas en esos años, de veras destruyeron (matando, desapareciendo, enloqueciendo, frustrando) a personas concretas; la obra de Stoppard plantea otra cosa, lo que tantos sentimos tantas veces: que el mundo reviente pero a mí déjenme sentir estas rolas y ya. Ruizpalacios romantiza personajes y época en una propuesta grandilocuente (incluso en el programa de mano) y ve peso donde hay ligereza.
Está muy bien la producción (escenografía móvil y fidedigna, grandes pantallas, iluminación dinámica, y eso sí, en vivo un grupo de covers que deja mucho que desear), aunque demasiadas cosas no agregan peso sustantivo. En las actuaciones, Karina Gidi, como siempre, muy bien, y encanta Sophie Alexander con sus personajes bien dibujados con pocos elementos. (Se presentó en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón del Centro Cultural Universitario el primer semestre de 2011.)[Publicado originalmente en junio de 2001.
Foto de El amante por Miguel Díaz y de Rock’n’Roll por Andrea López, proporcionadas por Teatro UNAM; las de El funcionario bueno por cortesía del INBA.]
Foto de El amante por Miguel Díaz y de Rock’n’Roll por Andrea López, proporcionadas por Teatro UNAM; las de El funcionario bueno por cortesía del INBA.]
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